1.2 Lo que sigue igual (o lo que menos cambia)
Esta edición del Barómetro de Consumo confirma que el consumidor confía en los alimentos en general si bien sigue mostrando desconfianza hacia algunos de ellos: comida lista para consumir y comida rápida de hamburgueserías y establecimiento similares. Los alimentos en los que más se confía son los que pueden denominarse más naturales.
Asimismo, se mantiene el diferencial entre la confianza ante los alimentos en general y la confianza ante las marcas de alimentación, notablemente menor en estas últimas, aunque sea aceptable. Las marcas que más confianza suscitan siguen siendo las de más prestigio, y las que menos, las más baratas.
La confianza en las tiendas de alimentación sigue siendo mayor que en los establecimientos hosteleros que dan comidas, reproduciendo quizá la diferencia de confianza existente entre los alimentos más naturales y los más manipulados. No mejora la (muy escasa) confianza depositada en los restaurantes de comida rápida.
La satisfacción del consumidor con la información que recibe sobre el consumo de productos y servicios sigue estancada en la mediocridad. Servicios médicos y alimentación siguen liderando este ranking, mientras que vivienda, tintorerías, seguros y reparación de electrodomésticos ocupan los puestos de cola.
La percepción del consumidor sobre la contribución informativa al consumo de productos y servicios que realizan los distintos agentes implicados siguen liderada por conocidos, familiares y amigos; y ya detrás, en este orden, asociaciones de consumidores, dependientes de tiendas y medios de comunicación. Empresas fabricantes y Administraciones públicas quedan bastante peor.
La credibilidad de la información que sobre alimentación proporcionan las diversas fuentes sigue siendo muy distinta, y la mayor la siguen mereciendo conocidos, familiares y amigos; tras ellos, médicos y entidades sanitarias, y asociaciones de consumidores. Los puestos de cola lo siguen ocupando Administraciones públicas y medios de comunicación. Y se mantiene en la mediocridad la imagen de las empresas fabricantes de alimentos como agentes de información.
La información que más se consulta en las etiquetas de los alimentos sigue siendo la fecha de caducidad.
El grado de compensación que siente el consumidor por el dinero que paga por productos y servicios sigue siendo mediocre y no mejora. Los servicios médicos son los que más sensación de compensación generan, y la vivienda lo que menos.
No nos gusta reclamar: apenas aumenta la muy escasa frecuencia en la formalización de reclamaciones relacionadas con problemas de consumo. Quizá esta tendencia pueda explicarse porque la proporción de ciudadanos que vio resuelta satisfactoriamente su reclamación no sólo sigue siendo exigua, sino que tampoco mejora respecto de años anteriores.
Estamos convencidos de que somos nosotros mismos quienes mejor defendemos nuestros intereses como consumidores. Las asociaciones de consumidores ocupan el segundo puesto como defensores del consumidor, mientras que Administraciones públicas y empresas apenas son citadas por los encuestados.
Por mucho que el ciudadano dice confiar en ellos, el consumo de alimentos ecológicos sigue siendo bajo y lleva sin mejorar tres años.
En acciones de colaboración con la recogida selectiva de residuos, los ciudadanos siguen diciendo que colaboran más de lo que lo hacen realmente.
No mejoran ni el alto grado de desconocimiento sobre lo que significa el Comercio Justo ni el consumo de los productos de Comercio Justo.
No se fuma menos que el año pasado: sigue haciéndolo una de cada cuatro personas mayores de 14 años.
Con los hábitos de vida (cuidado del cuerpo, imagen y salud) sucede lo que ocurría con la recogida selectiva de residuos: el ciudadano español tiene una imagen demasiado positiva de sí mismo, o, simplemente, no dice toda la verdad en las encuestas.
Internet no despega como medio de compra y de pago: sigue siendo considerado un medio inseguro y en el que los derechos del consumidor no están garantizados.
El número de hogares que ha cambiado de proveedor de telefonía ha cambiado muy poco respecto de 2003, a pesar de que las circunstancias de mercado aconsejan hacerlo.
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