Cierto es que, como cabía esperar, las personas de estatus económico alto compran alimentos ecológicos en mayor proporción que los de estatus bajo, pero también lo es que la mitad de los consumidores de mayores rentas no compran estos productos. Y o mismo puede decirse de los artículos procedentes de comercio justo, con la particularidad de que en este caso la proporción de personas de alto estatus que los adquiere es de sólo uno de cada tres.
La edad influye mucho en la compra de alimentos ecológicos y de consumo justo: el menor índice de compra, en ambos, casos, se da en los mayores de 60 años, si bien el máximo se da en a franja de entre 41 y 50 años.
La capacidad económica interviene decisivamente en la vinculación a las ONG: aun siendo pocos (29%), quienes pertenecen al estatus alto y mantienen relación con una ONG son el doble que los de estatus bajo.
Relacionar vinculación a ONG y juventud es un error: la mayor proporción (31%) de colaboración con alguna ONG se da en la franja 41-50 años, y la menor, en la de 21-30 años (sólo el 13%).
El compromiso de la población con las ONG no aumenta: no sólo desciende un poco (del 24% al 22% en el último año) la proporción de la gente vinculada de una u otra manera a estas organizaciones, sino que además disminuye también (del 23% al 17%) la proporción de quienes relacionándose con alguna de ellas, aporta algo más (su tiempo, su trabajo) que una mera colaboración económica. En Canarias, Andalucía Barcelona ciudad, es donde más se ayuda a las ONG trabajando en ellas altruistamente, mientras que en el País Vasco este tipo de colaboración es del todo infrecuente: el 92% de las personas vinculadas a una ONG se limitan a colaborar económicamente con ella.