Un estudio como este ofrece constataciones llamativas, que se consiguen a nada que se crucen las respuestas a las decenas de preguntas que componen el amplio cuestionario con ejes como edad, sexo, zona geográfica, estatus socio- económico, tipo de hogar, tamaño de ciudad en la que reside el encuestado.
Tanto unos como otras desconfían de los platos precocinados, pero las mujeres lo hacen más (3,9 ptos, frente a los 4,4 de los hombres).
Los alimentos congelados no parecen tener un futuro halagüeño, o dicho de otro modo, deberían realizar campañas de comunicación enfocadas hacia el segmento adolescente: quienes más desconfían de ellos son los jóvenes de 14 a 20 años (les dan 4,4 ptos, cuando los adultos de 31 a 40 años les dan 6,1 ptos).
El suspenso en confianza que merece la comida rápida es general, pero en Galicia toca el suelo: 2,3 puntos. En la ciudad de Madrid, al menos supera los 3 ptos.
La confianza en las marcas más nuevas de alimentación y en las marcas más baratas va disminuyendo conforme aumenta la edad del consumidor. Sin embargo, la confianza en las marcas de prestigio y en las marcas blancas o de distribuidor es bastante homogénea en las diversas edades.
La confianza en cafeterías y bares es notablemente menor en las personas de estatus bajo (5,5) que en las de estatus alto (6,1).
La edad marca mucho la confianza en los restaurantes de comida rápida: el suspenso de los mayores de 40 años es clamoroso (apenas 3 ptos), mientras que en los más jóvenes roza el aprobado.
Ver para creer: un 38% de la población española asocia "poco o nada" a la mayonesa con las intoxicaciones alimentarias.
¿Por qué será que sólo el 23% de los consumidores de la zona Norte-Centro del país o el 25% de los del País Vasco relacionan a la carne con problemas sanitarios, cuando hay otras zonas, como Canarias, en las que esta proporción roza el 40%?
Comer huevos crudos o salsas crudas elaboradas en casa con ellos puede causar problemas sanitarios, lo sabe bastante gente (casi la mitad de la población), pero ¿por qué lo saben menos las personas mayores de 50 años que los demás? Lo saben el 57% de quienes tienen entre 21 y 30 años, y sólo el 36% de quienes han superado los 60 años.
El olor de la carne es indicador de frescura de este alimento para muchos consumidores (en torno al 40%) en Navarra y Andalucía, pero lo es para mucha menos en Barcelona ciudad (26%).
En el País Vasco, la recomendación del carnicero es una de las claves a la hora de determinar la frescura del carne para más de uno de cada cuatro consumidores, mientras que en Canarias y en la zona Centro - Sur del país, lo es sólo para menos de uno de cada seis.
¿Por qué en dos zonas con tanto mar como País Vasco y Andalucía el olor como indicador de frescura en el pescado tiene una penetración social tan distinta? (es esencial para sólo el 35% de los consumidores vascos, y para un nutrido 48% de los andaluces). Y la recomendación del dependiente de la pescadería vale el doble en Barcelona que en Andalucía y Canarias.
Los jóvenes independientes que tienen su propio hogar le dan más importancia como atributo de confianza al aspecto del pescado que a la recomendación del vendedor (quizá porque muchos de ellos compran el pescado en autoservicio, sin venta asistida), mientras que en las parejas (incluso jóvenes) con hijos conocer al vendedor y tenerle en buen concepto les infunde más confianza que un adecuado aspecto del pescado.
La limpieza en los puntos de venta de alimentación nos importa a todos casi por igual, apenas influyen el sexo ni la edad ni el estatus ni la zona en que se vive.
En Navarra se presta más atención a la fecha de caducidad de los huevos que en el resto del país.
La única zona en la que la carne suscita más confianza que las frutas y verduras es el País Vasco.