Uno de los mecanismos más sencillos que tiene el consumidor de mostrarse solidario con quienes sufren carencias en los países menos desarrollados es adquirir productos procedentes de comercio justo. Pero el consumo de productos de comercio justo no sólo sigue siendo minoritario en nuestro país sino que apenas crece: sólo el 26% de los consumidores dice haber adquirido alguno de estos artículos en los últimos doce meses, cuando en 2005 la proporción era del 25%. Dado que son algo más caros que los convencionales, se hace previsible que los adquieran más las clases altas (32%) que las bajas (21%). La mayor penetración de los productos procedentes de comercio justo se da en los consumidores de entre 14 y 20 años y en los de entre 41 y 50 años (32% en ambas franjas de edad) y la menor, en los mayores de 60 años (16%). Por zonas geográficas, destaca el comercio justo en País Vasco y Navarra (30% en ambas, y su escaso éxito en las ciudades de Madrid (24%) y Barcelona (23%).